Una primavera para el olvido

El pobre abuelo se libró de lo peor por suerte, pero la huella del infortunio le marcó el semblante en forma de reacción alérgica y le trajo al recuerdo a su primo Frascuelo, cuando en sus años jóvenes le dio la viruela y le erupcionó la piel con un gran número de pústulas.

Nacieron el mismo día, del mismo año y del mismo mes, e incluso muchos apostaban que también fue en el mismo minuto, pero la madre de Ambrosio siempre defendió que hubo algunos minutos de diferencia y que la prueba de ello era el vozarrón que tenía su hijo y la silenciosa actitud de Frascuelo, prueba incontestable de que el primero que salió se llevó toda la voz, porque de todos era aceptado que no sólo eran primos sino que eran gemelos de distinto padre y de distinta madre, un error de la naturaleza que los puso en distintos úteros.

Frascuelo le acompañaba prácticamente siempre y no podía recordar un solo pasaje de su vida sin que no estuviera presente su imagen ni que saliera a relucir su nombre. Como en aquella ocasión en que fue al circo. Faltaban pocos meses para casarse y Ambrosio, el abuelo de Calixto, se sintió atraído por el circo que acudió al pueblo en la feria y fiestas que celebraba la onomástica del patrón de Valdejaras, San Salustiano.

Un espectáculo sin duda impresionante, de los más importantes que habían pasado por el municipio en todos sus siglos de historia. Una pequeña carpa anclada a las afueras del pueblo, muy cercano al cementerio, se erguía orgullosa e imponente a rayas azules y blancas en contraste con el ocre verdoso del decorado natural propio del valle en el mes de junio. Entre sus estrellas se presentaba al mono Juanito, como revelación de la temporada en todos los pueblos de la comarca y más allá, hasta en los confines de la península, cerca de Lisboa, tenía admiradores que lo recordaban con delirio extremo.

Pero no llegaba solo, le respaldaban los artistas de siempre, los que año tras año acudían a las fiestas y que formaban la base del espectáculo junto a la siempre elegante Avelina, la cabra equilibrista, que hacía las delicias de pequeños y mayores. Pero ese año, como novedad para cerrar la espectacular función circense, acudía Tronío, un hermoso caballo blanco al que presentaban como descendiente del mismísimo caballo blanco de Santiago Matamoros, una magnifica oportunidad que no podían perderse por nada del mundo.

Atraído por el inmejorable cartel de variedades que presentaba el Circo Maravillas no se lo pensó dos veces y convenció a su primo para que le acompañara. Por supuesto que no tuvo que esforzarse mucho, fueron pocas palabras las que necesitó para convencerle: -Esta tarde nos vamos al circo -le dijo, y como siempre Frascuelo asintió con la cabeza, no pronunció palabra alguna porque no era costumbre en él, ya desde pequeño se comentaba que nació mudo, pero no todos estaban de acuerdo, también se pensaba que pudiera ser un estado transitorio, así que desde entonces no estaba claro si era mudo o simplemente pudiera tratarse de timidez, un estado propio de la persona que desconocían en parte y de la que no existían referencias anteriores en Valdejaras.

La velada quedó en la memoria de todos los asistentes de aquella función, por unanimidad se llegó al acuerdo que nunca antes vieron nada igual y dudaban de que pudiera existir espectáculo más sublime que aquél.

Pero la impronta que dejó Tronío en Ambrosio fue superior a la magnifica velada que disfrutaron, tanto fue así que por su cabeza no rondaba idea ninguna más que la de tener un caballo como Tronío, reluciente, elegante, con una hermosas crines trenzadas y un movimiento al caminar que dejaba boquiabierto al más pintado.

No le comentó nada a Frascuelo, pero no por que no le apeteciera, sino porque de sobra sabía que sería inútil, no le iba a responder, a no ser que asintiera lo que él comentaba. Así que esa noche no durmió, se la pasó imaginándose el regocijo que sería poder pasearse por Valdejaras montado a su lomo.

Cuando llegó la mañana y el gallo cantó ya esperaba sentado en la cama, vestido y calzado, para ir en busca del gitano que regentaba el Circo Maravillas y sin otra intención que la de cambiarle a Tronío.

Tuvo que esperar dando vueltas alrededor de la carpa hasta que lo vio salir de ella desperezándose y alejándose, al tiempo que parecía buscar un sitio donde descargar los residuos metabólicos del organismo. Pero Ambrosio no le dejó expeler sus funciones naturales, le llamó y se acercó a él, sin rodeos: -¡Quiero cambiarle a Tronío! -le dijo al gitano que no salía de su asombro, ni por la propuesta ni por el inoportuno momento escogido para hacérsela. -¡Tronío no se cambia! -le respondió sin darle facilidades algunas al valdejarano. Pero el abuelo de Calixto montado en su tozudez insistió en el interés por el caballo blanco y volvió a preguntarle: -¿Qué quiere usted por él, algún precio tendrá, no? -el gitano se quedó mirándolo y le respondió con otra pregunta: –¿Qué me das tú?

Entonces Ambrosio fue a la zahúrda, sacó de ella un marrano de buen ver y fue de nuevo a su encuentro. Ya frente a él le dijo: -¡Se lo cambio por el gorrino! -el gitano lo miró y, tras unos segundos pensativo, le dijo: -Llévatelo, es tuyo.

El marrano que cambió era el que tenía para la matanza que alimentaría a él y a su esposa en el primer año de casados, pero prefirió a Tronío antes que al porcino. Al principio se sintió como si se hubiera aprovechado del gitano y hubiese salido ganando en el trueque, pero con el paso de los días y después de haberse ido el circo a otra feria descubrió que Tronío tenía más años de los que presumía, su dentadura no era la de animal joven y lo peor de todo fue que solamente pudo montar al caballo blanco en una única ocasión por un defecto o costumbre que no había tomado en cuenta, consistía en que cada vez que el caballo escuchaba música se ponía a bailar y era imposible montarlo. Así que Tronío pasó sus últimos años de vida amarrado en la dehesa comiendo la hierba fresca y, de vez en cuando, a lo lejos, se le veía bailar al ritmo que los pájaros le marcaban con su trinar.

Visita la página del autor: Antonio Torres Rodríguez

Texto perteneciente a la novela: Una primavera para el olvido

By |2017-11-17T11:03:40+00:00noviembre 12th, 2017|Novelas Alféizar|0 Comments

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