Te amaré toda la vida

¿Te había contado que mi abuelo decía que hay amores eternos? Su matrimonio con mi abuela duró 54 años, hasta que ella no despertó una mañana. Él se reunió con ella tres días después. ¿Recuerdas que el Charal nos presentó siendo todavía yo un chiquillo? Tú tenías tus maneras mundanas, tu fama de extrovertida y alegre, tu canto de sirena. La primera vez fue inolvidable, irrepetible. Jamás olvidaré tu beso asfixiante, el placer que me enceguecía, los truenos emocionados de mi corazón, el fragor que me escaldaba la piel, el delicioso y abrupto vértigo, la profunda penetración. Desde ahí te adueñaste de mí. Robé, blasfemé y peleé por tu causa. Hice lo que cualquier hombre haría por ti. No me apena reconocer que más de una vez lloré cuando no estabas a mi lado. Alguna vez te maldije, lo confieso, pero siempre fui tuyo. A pesar de que, al inicio, mis padres no gustaran de colaborar con algún dinero para que pudiéramos estar juntos, del mismo abuelo que me envió muy lejos para arrancarte de mí, de los ruegos o la indiferencia de mis hermanos, de los desesperados esfuerzos de la que sería mi mujer para que nada se interpusiera entre ella y yo. Y del estrago que me causó nuestra separación, porque una noche que te extrañaba infinitamente, mi bebé se me resbaló y se quedó muy quieto, ya sin llanto, en el piso, y como dijeron que fui negligente me encarcelaron. Lo que me mantuvo cuerdo y vivo fue saber que cuando saliera te tendría de nuevo. Y ahora, aquí estás, seductora e impaciente. Qué falta me hacías… murmuro mientras entras, rauda, en mi antebrazo izquierdo por la jeringa.

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Relato perteneciente al libro de relatos: Restos de naufragios

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Ernesto Esparza

By |2017-12-15T11:58:48+00:00diciembre 6th, 2017|Relatos Alféizar|0 Comments

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