Bandara Bchchã

El Ganges, con sus más de dos mil kilómetros de longitud, es el río más largo de la India. Nace en la cordillera del Himalaya, al oeste de Nepal, en la frontera con el Tíbet, discurriendo por el norte del subcontinente para ir a desembocar en el delta del mismo nombre, en el Golfo de Bengala.

El Ganges es fuente de riqueza para todos aquéllos que habitan sus orillas, pues proporciona gran cantidad de agua para sus cultivos, además de ser rico en gran variedad de peces, viviendo sus habitantes de la agricultura y la pesca. Además, es un río sagrado para quienes profesan el Hinduismo, siendo Gangā el nombre de su deidad. La gente se sumerge en sus aguas, pues se cree que pueden purificar los pecados, y son muchos los peregrinos que acuden a los lugares bañados por el Río Sagrado para zambullirse en él. En sus orillas se han erigido grandes ciudades, como Allāhābād, Vārānasī, Patnā y Bhāgalpur. Tiene como afluentes a otros grandes ríos, como el Yamuna, el Ghaghara, el Gandak, el Son, el Kosi, el Hooglhy y el Padma.

Junto a la orilla izquierda del Ganges, a unos tres o cuatro días a pie de la ciudad de Delhi, se encontraba la aldea de Shrī Gangā, llamada así en honor a Gangā, la deidad del Ganges. Los habitantes de la aldea vivían de la pesca en el río, de los cultivos de arroz y trigo, y de la cría de cabras y gallinas.

Esta historia comienza en aquella aldea durante el último cuarto del siglo XIX en plena festividad del Diwali, Año Nuevo Hindú. Se celebra el retorno de Rāma, mítico rey del desaparecido reino de Kosala, después de catorce años de exilio. Para dar la bienvenida al nuevo año se encienden gran cantidad de lámparas de aceite y se degustan platos dulces, entre los que destacan el pastel malpua, los soan papdi, los caramelos besan ki barfi, el Karanji, y las gujias.

Era ya de noche, y la gente de Shrī Gangā, toda llena de luces, se encontraba a orillas del Ganges depositando en sus aguas cuencos con velas encendidas y observando cómo eran arrastradas por el Gran Río. Se cree que cuanto más lejos lleguen mayor será la dicha para el nuevo año de las personas que las hayan botado.

Entre aquellas personas se encontraba Kamala, una joven de dieciséis años, la cual había contraído matrimonio hacía dos años con Tusshar, once años mayor que ella. Estaba junto a su mejor amiga de la infancia, Kajol, y ambas depositaban sobre las aguas del Ganges un cuenco de madera con una vela encendida en su interior. Kamala y Kajol tenían muchas cosas en común. Ambas tenían la misma edad; ambas contrajeron matrimonio hacía dos años con un hombre once años mayor —en el caso de Kajol se trataba de Rahul, que además era el mejor amigo de Tusshar—; y ambas se encontraban encintas en aquel momento, y pronto darían a luz. Los retoños que llevaban en el vientre tendrían la misma edad y podrían ser grandes amigos, y si nacían con distintos sexos podrían concertarlos en matrimonios para que llegado el día se casaran.

Depositaron sus respectivas velas sobre las aguas, y ambas comenzaron a ser arrastradas por la corriente. Cada una estaba pendiente de su vela, implorando a la diosa Laksmī, la divinidad a la que está consagrado el Diwali, que el Ganges no se la tragara. Kamala observó desilusionada cómo su vela iba a parar a unos juncos que había en la orilla contraria y se quedaba encallada en ellos. Parecía que su dicha para el nuevo año no iba a ser muy buena. Kajol tuvo más suerte. Vio cómo su vela seguía el curso del río y se perdía en la distancia. Si seguía así podría llegar hasta la ciudad de Allāhābād, o incluso a la mismísima desembocadura del Ganges, en Bengala.

Kajol iba en busca de Rahul, su esposo, para contarle que la diosa Gangā la había favorecido, cuando de repente notó unas leves contracciones. No le dio importancia y continuó buscándolo. Notó contracciones más fuertes. Cuando se le pasaron, siguió llamando a gritos a su esposo, pero las contracciones fueron en aumento, y de repente notó cómo rompía aguas. El retoño que llevaba en su vientre quería nacer ya. La diosa Laksmī la había bendecido con el nacimiento de su hijo para aquel dichoso día.

Varias mujeres acudieron enseguida a atenderla y la llevaron a la cabaña donde vivía con su marido para que diera a luz allí. Avisaron a la comadrona y fueron en busca de Rahul, el futuro padre. Kamala, cuando supo que su mejor amiga iba a dar a luz, enseguida se dispuso a acudir a su lado, pues ésta querría que estuviera presente en un momento tan importante para ella como era el nacimiento de su primer hijo.

Cuando se dirigía a casa de Kajol y Rahul a ella también le vinieron unas contracciones. Parecía ser que ambas iban a dar a luz el mismo día. Justo cuando llegó donde su amiga se encontraba de parto fue cuando rompió aguas. Varias mujeres que estaban fuera, esperando noticias del parto, advirtieron a la otra parturienta, y enseguida se dispusieron a atenderla. Llevaron a Kamala a la cabaña donde vivía con Tusshar, su esposo, y fueron en busca de éste para informarle que también iba a ser padre aquella noche, como su amigo Rahul.

Una vez en su casa tumbaron a Kamala junto a un altar todo lleno de velas, donde había una imagen de barro de la diosa Laksmī. Debían implorar a la diosa para que el parto se llevara a cabo sin ningún desagradable incidente, como podía ser que el niño naciera muerto, o el fallecimiento de la parturienta. La mujer que atendía normalmente todos los partos de la aldea se encontraba con Kajol y no había otra comadrona, pues no era muy común que dos mujeres alumbraran al mismo tiempo, así que Kamala fue atendida por otra mujer que decía estar preparada para ello, a pesar de no haber atendido ningún parto en su vida.

Kajol consiguió dar a luz al retoño que llevaba en su interior sin ningún tipo de incidente. Era niño. Había nacido sano, y parecía bastante robusto. Sería hermoso y gozaría de buena salud. Kajol parecía encontrarse bien y sobreviviría al parto. Ahora debían pensar un nombre para él. Había en la cabaña un altar con velas, donde Rahul había depositado una imagen de barro que representaba a Ganesha, el dios elefante, que representa tanto la fuerza como la inteligencia, dos cualidades muy valoradas por él. Kajol observó la imagen del dios elefante, y pensó en lo mucho que su esposo adoraba a aquella deidad, a quien además también estaba consagrada la festividad del Diwali, y en la ilusión que le haría que el hijo de ambos llevara su nombre, Ganesha. Le propuso a su esposo ponerle el nombre del dios al hijo que acababan de tener, y él no pudo estar más de acuerdo. Habría que esperar a su namkaran para hacerlo efectivo.

No mucho después, en casa de Kamala y Tusshar, ésta también había dado a luz. También había sido niño, pero el retoño que había alumbrado no era como los demás recién nacidos. Aquel niño estaba todo cubierto de pelo, un pelo lanudo y negro. Parecía más la cría de una mona que la de una mujer humana. Tendría que haber sabido que algo malo pasaría al quedarse su vela encallada en los juncos. La diosa Gangā la había desfavorecido.

Texto perteneciente a: Bandara Bachchã

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Alberto Viagel

By |2017-12-27T11:05:54+00:00diciembre 27th, 2017|Novelas Alféizar|0 Comments

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