Proemio – Fuente Obejuna

Conozco a Jesús desde siempre. Marcados por el signo de la sangre y el amor por la literatura, no hemos dejado de comunicarnos, apoyarnos y encontrarnos en los diferentes avatares de la existencia. Su ambición literaria e investigadora ha sido un acicate esencial en la superación de la rutina, ampliando y complementando la impronta de su profesión pedagógica.  Esta voluntad de superación y su avidez por el conocimiento lo han mantenido ejemplarmente activo, demostrando que la constancia y el esfuerzo coadyuvan a vencer todas las dificultades. Fuente Obejuna (Lugares geográficos) constituye una obra imprescindible para conocer en profundidad el antes y el ahora del paisaje geográfico del término municipal de Fuente Obejuna, por el que han transcurrido siglos plenos de historia, dejando hipótesis irresolubles, huellas incuestionables y relevantes yacimientos arqueológicos.

A través de la Toponimia, rama de la Onomástica que estudia el origen de los nombres propios de los diferentes territorios así como el significado de sus étimos, Jurado Brieva nos va adentrando desde lo conocido hacia las sendas inexploradas. Nos conduce hasta las cumbres de las sierras (la Sierra de los Santos,de las Cabras, de la Grana), las cimas de los cerros(el Cerro Gordo,de las Piedras, de la Calaveruela, de los Conejos, de Quiebrajano, del Castillo, de los Pedernales, de la Loba, del Toro, de los Osos, de la Jabata, de los Perdigones), las crestas de los puertos (el Puerto de los Condes, del Anillo); nos acerca a las márgenes de los arroyos (el Arroyo Lóbrego, de los Mártires, del Cinglar, del Granizo) y a los brocales de los pozos; nos descubre los prados y parajes donde perviven en silencio las antiguas minas abandonadas (La Loba, La Pava, Abundancia, Labradora, Gloria, Junio, Justa, Santa Bárbara, Navalvillar, María, Almadenes, Coma, del Hambre, del Membrillejo, de la Españuela, de la Pepa, de la Jabata, de Cerrato, de Valdeinfierno); nos devela las ruinas y vestigios de los cortijos y aldeas desaparecidas por donde deambuló el Maestro Juan de Ávila(Argalloncillo, La Cumbre, Los Ajenjos, La Peña y Aljózar,Valdearenas, Los Tejedores, Cañuelo Alto y Bajo, San José); nos lleva a recorrer las fincas rústicas, las olvidadas vías pecuarias, los antiguos abrevaderos de la trashumancia, las hondonadas de los valles (Valsigüelo de Aljófar, Valdehigüelo, Valdecolmenas, Valderromero, Valdevilanos),los numerosos pozos, fuentes y pilares (Fuente Santa, Fría, Grande, Herrumbrosa, del Rey, de la Reina, Tejera, Saúco, Nueva, de las Dos, del Zújar, de la Zarza, de los Tejedores, del Grillo, del Azor, de la Azuela, del Oro, del Poleo, de la Piedra, de la Higueruela, del Juncal, de la Lana, del Membrillero, del Pozo, del Pradillo) que tachonan como lucernas líquidas el abigarrado espacio de la ancestral Mellaria que aún sigue necesitando de una profunda investigación.

Jurado Brieva, basándose en lo ya escrito por otros eruditos, académicos, geógrafos e historiadores (Plinio, Alfonso XI, Ambrosio de Morales, Luis María Ramírez de las Casas-Deza, Esteban Márquez Triguero, Manuel Nieto Cumplido, Emilio Cabrera, Manuel Rivera Mateos, Carmen Panadero Delgado, Alfonso Fernández Mellado, José Aumente Rubio, Ricardo Córdoba de la Calle, Silvino Mª Maupoey Blesa, Juan Bernier Luque, Juan de Dios Sarazá Jimena, José Antonio Torres Esquivias, Rafael Arenas González, Rafael Hernando Luna, José Luis Hernando Fernández, Juan de Dios Sarazá Jimena, Antonio Arjona Castro, , María José Porro Herrera, Bartolomé Valle Buenestado, María José Robas Molero, Rafael Mir Jordano, Rafael Pulido Jurado, Dionisio Ortiz Juárez, Francisco Lara Arrebola, Rosario Cabrero García, Beatriz Gavilán Ceballos, Manuel Madrid del Cacho, Antonio Carbonell Trillo-Figueroa, Mariano Aguayo, Miguel Castillejo Gorraiz, Desiderio Vaquerizo, Manuel Gahete Jurado) pero sobre todo apoyándose en sus propias investigaciones de campo, nos describe por orden alfabético los nombres de los lugares más señeros de la geografía melariense, aportándonos así un tratado esencial y poliédrico para conocer la arqueología, la historia, la minería, la fauna y la flora, los vocablos autóctonos, la artesanía, las tradiciones entrañadas como la cinegética, las costumbres populares de las romerías o los oficios ancestrales como el mercado de la lana, la cunicultura, el cultivo del vino de los guadiatos, la apicultura, el carbón vegetal y el picón, la matanza del cerdo o la cría de caballos.

El propio autor reconoce que no se trata de un corpus cerrado porque sería labor de una vida alcanzar los rincones más inhóspitos de tan vasta geografía, algunos de ellos no necesariamente dignos de destacar, pero es sin duda el trabajo más complejo y exhaustivo que, sobre este asunto, se ha realizado hasta la fecha y ha de servir tanto de referente a los expertos como de fuente de información a los diletantes. Jesús Jurado, impulsado por una envidiable pasión, logra armonizar en este estudio la gravedad de todo trabajo científico con el tono poético que corresponde a un humanista interesado en transmitir el producto de sus investigaciones con lenguaje inteligible y fértil, para que el gusto de aprender vaya unido al placer de leer.

En el campo raso, el relente baña de plata la verde hierba que el plenilunio de marzo enciende.

El lucero del alba desvela a los perros de un cortijo y un gallo preludia con su canto ancestral el nuevo día.

Las rúbeas cabelleras febeas vivifican y enardecen a todos los seres vivientes del planeta tierra.

Una golondrina lude sus alas de azabache en el límpido empapamiento y cristalina acuosidad de la charca.

Así describe Jurado Brieva el singular topónimo de la Charca de la Golondrina. No es ajeno el autor a la sonoridad, la curiosidad y hasta el misterio de algunos topónimos: la Casa de la Luna, del Cervunal, de la Venada, del Chozuelo, del Álamo, del Platero, de Vigara, de los Cercones, de los Marqueses, de los Canónigos, del Lagar de las Monjas, de la Paloma, del Molinillo, de la Avecilla, del Olivar, de la Sima, el Cortijo de los Pobres, de las Liebres, el Barranco del Águila, la Nava de la Encina, el Campo de Aníbal, la Huerta de los Atanores, de los Frailes, el Labrado de las Liebres,  la Piedra del Águila, la Cañada del Gamo, el Collado de los Lobos, la Ruta de las Grullas, la Atollá del Mulo, la Vereda de la Plata, de los Torviscales, de Doña Rama, la Cueva de Juan Palomo, la Tabla de la Lana; cientos de nombres mágicos y atractivos que –en palabras del autor– evocan la dehesa de encinar, parajes umbrosos y frescos, viviendas primitivas rurales, animales salvajes que abundaron en algunos lugares del término melariense en épocas medievales y cavidades profundas en el terreno”.

Jurado Brieva persigue, sobre todo, ser ameno en sus explicaciones. La libertad expresiva y la peculiar orgánica seguida por el autor en el índice de entradas terminológicas es claro exponente de que el autor está más interesado por acercarse al lector desde la experiencia personal que atendiendo a conceptos encorsetados como el rigor académico y la sopesada metodología científica. Sin faltar a la verdad y nielado de una vasta formación, heredada y adquirida, el texto se resuelve con pulcritud, permitiendo que la sobreabundancia de datos no sea un escollo para la lectura sino más bien un modo fílmico de ir observando los diferentes ángulos de la realidad. Realidad que se difumina en el tiempo dejando que fluctúen en la memoria de las gentes interrogantes no resueltos: Fons Mellaria, Aqua Bortora, Masatrigo, Tolote. En este ingente registro de términos, afloran cuestiones palpitantes: el nombre de Fons Mellaria, atribuido a la multitud de fuentes de agua dulce que tachonan el territorio o el arte de la apicultura que debió ser muy estimado. Lo cierto es que Fuente Obejuna fue centro neurálgico de la trashumancia y tal vez el apelativo de Lope no estuviera muy alejado de los hechos que nos informan sobre el valor de un pueblo unido contra la felonía de los tiranos. Abrevaderos, descansaderos, cordel, ejidos, fincas, cortijos, veredas, vías pecuarias, cañadas reales son demostrativos del paso de la mesta por estos lugares y su crucial relevancia.

Antiguos monasterios (convento de los monjes-caballeros del Temple,en el entorno de La Coronada; la ermita mozárabe de San Bartolomé, en la Sierra de los Santos, según la tradición verbal regentada por los templarios;  o el de Los Mártires, al sur de Piconcillo, que posiblemente también ocuparan), viejos molinos –en muchos casos con nombre propio– (Molino de los Arcos, de Cárdenas, del Granadero, de los Abades, de las Monjas, del Médico, del Cubillo, de San Pedro, de Doña Mayor, de Doroteo, de Manuel Figueroba, de Juan Murillo, de Manuel Madueño, de Félix Ledesma),caminos nostálgicos (Camino Viejo, de Vinateros, de los Cabañeros, de la Loba, de la Raña, del Palenciano, de los Duranes, del Grifo, de los Molinos del Benajarafe, de Navalcarazo, de Navalespino, de Vinaroz, de los Palos, del Polvorín, de la Mina Rampa) y desaparecidos castillos o casas fortificadas (Castillo de Fuente Obejuna, del Cerro de Piconcillo, del Ducado, de Benajarafe, de la Floreta, de Aljófar) pueblan la geografía menos conocida del término municipal, crisol ancestral de cultura e historia.

El trabajo se enriquece con un nutrido número de fotografías, bosquejos cartográficos y cuadernos de campo, realizados por el propio autor a lo largo de muchos años de investigación ininterrumpida. Abundantes referencias históricas, etimologías, análisis del léxico, revisión de grafías (Piedra Flanca o Franca, cortijo del Havadán o Rabadán, arroyo del Galeote o Galeoto, fuente de Simón Sánchez o “Cimozanche”, cortijo de Los Hortes o Los Sortes, casa de la Zozadilla, de la Zauzadilla o de la Sauzadilla), estadísticas, datos demográficos y agropecuarios, apuntes económicos, referencias urbanísticas (como las referencias a las desaparecidas Plaza de San Miguel y calle Triana) inscripciones funerarias, citas de autoridades, anécdotas curiosas, crónicas de costumbres y hasta recuerdos infantiles (la Charca Maná) conforman el acervo de información contenida en este libro singular que debiera leer y tener todo melariense en su biblioteca. Una obra que seguro hará las delicias de amantes de la historia, la geografía, la naturaleza y las tradiciones; y que ya es un instrumento imprescindible para conocer e interpretar el tesoro vernáculo de siglos, obliterado en el tiempo, que preserva Fuente Obejuna y que esta obra nos lleva a conocer o redescubrir.

Texto perteneciente a: Fuente Obejuna

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Jesús Jurado Brieva

By | 2018-01-06T12:27:34+00:00 enero 6th, 2018|Ensayos Alféizar|0 Comments

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